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¿Sos duro con vos mismos mientras regalás compasión a los demás?

Seamos honestos ¿Te parece? No existe nadie más duro con vos mismo que VOS.

¡Adelante! ¡Admitílo! Te castigás… quizás diariamente, por todas las cosas que pensás que deberías ser o hacer mejor, cumplir en un día o resolver. Te culpás y juzgás a menudo por todas la formas en las que tu vida no ha estado a la altura de lo que “debería” ser.

Y… ¿cómo puedo asegurarte esto? Porque he hablado con cientos de personas y lo que todos han admitido es lo increíblemente crueles que son con ellos mismos y la poca compasión y perdón que son capaces de brindarse.

A menudo ofrecemos compasión a las personas que están enfermas, menos afortunados o pasando por circunstancias difíciles en la vida ¿Correcto? Pero compasión y perdón para nosotros mismos? ¡Olvidate de eso!

Reflexioná por un momento: Cuando ves a un niño pequeño que lucha por caminar o un animal indefenso tratando de sobrevivir… ¿Cuál es el sentimiento que brota dentro de vos? Tu corazón se abre por instinto ¿Verdad? El amor fluye y es como si por un instante te convirtieras en la Madre Teresa de Calcuta o el Dalai Lama. ¿Pero qué sucede cuando tus esfuerzos y resultados no están a la altura de las expectativas poco realistas que estableciste para vos mismo? ¿Qué es lo más probable que te ofrezcás a vos mismo? ¿Quizás… una tonelada de auto-crítica, frustración y juicio? …Es como si tu alter ego estuviera esperado dentro de vos, listo para señalar todas las formas en las que no estás pudiendo ser lo que vos pensás que debiste de ser.

Por desgracia, en el mundo actual, este auto-abuso es pandémico. Nuestro cruel juez interior comienza a robarnos auto-compasión desde pequeños. Y si ese cruel juez se deja desatendido y no se reforma, puede llenar nuestro corazón de odio, crítica y juicio por décadas.

¿Por qué nos resulta mucho más fácil elegir la auto-crítica sobre la auto-compasión? Bueno, porque la vida nunca nos ha facilitado un manual sobre la Libre Compasión. La compasión por vos mismo no es una actividad que nuestra cultura haya designado como “prioridad” o le haya dado valor… por lo menos todavía. De hecho, nuestros amigos de dictionary.com reflejan esta triste realidad mediante la definición de la compasión como “Un sentimiento de profundo pesar y dolor por otro afectado por la desgracia, acompañado por un fuerte deseo de aliviar el sufrimiento”. ¿Notás algo? En primer lugar, alguien muy importante falta. ¿Dónde está ésa persona en esa definición? Y ¿Por qué tiene uno que ser golpeado por la desgracia para merecer la compasión?

¿Que pensás?

En lo personal opino que no podemos quedarnos de brazos cruzados y dejar que esta sea la forma en la que debamos vivir y criar a nuestros hijos. Es hora de que nosotros hagamos algo para cambiar una cultura que no enseña el valor o inclusive reconoce  a la auto-compasión. Y ¿Por dónde empezamos?… A partir de la recuperación de la auto-compasión por nosotros mismos.

Si no hacemos este cambio, la auto-crítica seguirá siendo nuestra segunda naturaleza. La buena noticia es que una “segunda naturaleza” no es lo mismo que “natural”. Segunda naturaleza denota, por supuesto, que algo había antes; la primera naturaleza.

La compasión es nuestra primera naturaleza.

Naciste para ser instintivamente compasivo con vos mismo y los demás. ¡Incondicionalmente!

Las preguntas serían, ¿Qué tan lejos de tu primera naturaleza estás operando hoy en día? Y ¿Cómo conseguimos entonces que regresés a ser una fuente inagotable de auto-compasión?

¡Cambiando tus creencias sobre el merecimiento de la compasión incondicional!

A ver…¿Qué necesitás para merecer compasión? ¿Una catástrofe?

Utilizá la siguiente escala para registrar tu estado actual de auto-compasión, esto significa: el grado en el que sos capaz de recibir amor en la forma de Auto-Compasión.

Este “grado” depende de tus pensamientos y creencias actuales y ¡Hey! ¡Buenas noticias Nuestras ideas, pensamientos y creencias siempre se pueden cambiar.

Escogé la calificación que refleje con mayor precisión lo que ¡Hoy! Pensás:

5. Nunca merezco compasión.

4. Merezco compasión cuando ocurre una desgracia.

3. Merezco compasión cuando estoy frente a grandes obstáculos y fuerzas externas que se apilan sobre mí.

2. Merezco compasión cuando estoy teniendo un momento difícil, pero… ¡Sólo cuando no es mi culpa!

1. Merezco compasión cuando la necesito, independientemente de si es mi culpa o no, pero… ¡Tiene que haber algún elemento actual de “esfuerzo y lucha” de mi parte.

0. ¡Merezco compasión sin importar nada ni nadie más!

(En esta escala, entre más alta tu marca, más dificultad tenés en el presente para generar o recibir compasión)

Naciste con una marca de 0 creyendo que merecías compasión incondicional y ahora es el momento de regresar a esa verdad.

La compasión no es algo que se “gana” es algo que se merece.

Vos tenés el derecho a la compasión por una sencilla razón: Merecés amor INCONDICIONALMENTE es decir merecés tu Auto-Compasión.

Con amor y luz,

Mariela –Tu Coach de Amor Propio.

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